martes, 5 de julio de 2016

Vignemale desde Torla 2004

Cima del Vignemale en primavera de 2004.
Detrás cimas como Otal, Guara, Tendeñera...

Los viajes en solitario son en muchos casos muy satisfactorios porque salvo que seas un bicho raro antisocial, coincidirás y tratarás con otras personas, y en el viaje que hice al Vignemale desde Torla en primavera de 2004 conocí a un montón de gente curiosa. En aquel viernes de Mayo salí de clase en Pamplona a la velocidad del rayo en busca del bus que me llevaría hasta Sabiñanigo, donde haría trasbordo para pillar el minibus con carro que hacía la línea Sabiñanigo-Ainsa y plantarme en Torla con la excitación de un adolescente (tenía 21 años). Mientras el atardecer vestía de colores cálidos los murallones de Ordesa y la Garganta de los Navarros salvaba los 10 kilómetros hasta Bujaruelo, donde vivaqueaba en su gigantesco prado observando las estrellas.

        A la mañana siguiente salvé los 1000 metros de desnivel hasta el espectacular Ibón de Bernatura para internarme en Francia y descender a Ossoue por unos prados de ensueño (maravillosa vertiente norte de la divisoria pirenaica aquí). Y por la tarde subí a Baysellance a dormir, lo cual se retrasó bastante porque me junté en el refugio guardado más alto de la cordillera con un grupo de mendizales de la Sakana y hubo risas y charla hasta muy tarde. Curiosamente, hace pocos años un chico de aquellos me reconoció en Orbara y me preguntó si yo era aquel con el que compartieron velada una vez en Baysellance... El domingo subí alegre al Pique Longue (3298m); en hora y cuarenta minutos puse mis pies en su cima. En la ascensión me vi superado por dos sakanikolas, de los que se habían ido pronto a la cama, que cuando me adelantaron en el plateau glaciar iban tan rápido que ni me saludaron. Después me extrañó lo que contaron al resto de su grupo sobre dicho adelantamiento; "no tenías muchas ganas de hablar, ¿eh?". Sea como fuere afronté el último repecho "picado" con una pareja de valencianos, donde uno de ellos nos había hecho saber a todos los presentes en Baysellance que acababa de participar en un ironman, pero yo no tuve piedad con él (cómo somos...). En la cima nunca olvidaré la llegada posterior de uno de los sakanikolas, rojo y ahogado por el esfuerzo, que nada más llegar a la cima gritó; "Gora EH askatuta!!" con el volumen y la virulencia de un tenor, y a un lado los valencianos...

         Después de despedirme de los sakanikolas, afronté el entretenido tramo de cresta hasta el Clot de la Hount (3289m), delicado con nieve, y seguí con la travesía de crestas hasta el Cerbillona (3248m) y el Pic Central (3225m), antes de regresar al glaciar y plantear el descenso hacia Ossoue con la preocupación y la urgencia de quien debe buscar coche en autostop para regresar a Pamplona. Y al final tuve suerte, porque una pareja de giputxis a los que pregunté junto al embalse a 1800 metros me llevaron hasta Donosti en medio de charlas sobre montañismo, donde cogí por los pelos el último bus a Pamplona. Desde la antigua estación de autobuses de la capital navarra bajé caminando echo unos zorros a mi piso de estudiantes de la Milagrosa (no quiero imaginar ni cómo olería tras tres días sin ducharme y sudando lo que no está escrito), donde me duché y puse tras la ducha mi cuerpo en horizontal; noches de casi insomnio por el cansancio y los recuerdos vividos. Autobuses, autostop, caminatas de aproximación nocturnas y muchos metros de desnivel positivos cargado como una mula. Así era entonces.



-"Sugarman" de Rodriguez (1977)
(Sugar Man, no tengas prisa,
porque estoy cansado de estas escenas.
Por una moneda azul, ¿no me traerás de vuelta
todos esos colores de mis sueños?)

Cuatro cimas de 3000 metros y para abajo.


Dos jornadas apasionantes cargado como una mula.



En total 37 kilómetros y 3400m+

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