miércoles, 20 de enero de 2016

El Alud del Musales

Purgas pirenaicas en el Circo de Aneou.

Las semanas de sequía y anticiclón que crearon una capa mortífera de nieve dura y hielo en el Pirineo para los montañeros que tropezaran en ella (4 víctimas mortales en nueve días), han dado paso a la segunda nevada de la temporada, y con ella, una fiebre de proporciones ciclópeas entre esquiadores y raquetistas deseosos de nieve polvo o pow pow, expuestos a los aludes, que viajamos este último finde a la cordillera. Como norma general, después de una nevada hay que dejar al menos un día (o más, según paquetón), para que la montaña purgue, y cambie poco a poco hacia un medio menos hostil y más fácil donde manejar el riesgo. Sin embargo las oportunidades de esquiar nieve perfecta, osea nieve polvo recién caída antes de transformar, se limitan a unos pocos días cada temporada, y suelen ser al poco de caer la nevada, y pese al riesgo de aludes que generan este tipo de situaciones, los freerider saben que se tratan de las condiciones óptimas para gozar, y por eso muchos se la juegan entre comillas; cuando el riesgo de aludes es 3 sobre 5 el peligro es notable, pero con conocimientos y material adecuado se puede esquiar sobre nieve abundante, y si es recién caída es ideal para deslizar. Por eso en este nivel es cuando más accidentes hay, se trata de un peligro jugoso que poder controlar.

          El sábado pasado se produjeron varios accidentes de estas características en el Pirineo occidental. Ante los cantos de sirena que provenían de las altas cumbres del Pirineo en forma de nieve recién caída y buen tiempo, un montón de esquiadores y excursionistas dirigieron sus pasos hacia ella, y en ese relativo primer día que muchos evitan el fuera de pista para que la montaña purgue, se produjeron varios sustos importantes en Astún y Candanchú: Los tubos sobre el Ibón de las Truchas presentaron varios incidentes, y en la Tuca Blanca de Candanchú sacaron a cuatro personas de un alud, una de ellas en estado catatónico. Hay que decir que en el mundo de la montaña, y en otros ámbitos también, los aludes despiertan muchísima curiosidad y temor, y muchos se preguntan qué se siente al ser atrapado por un alud de nieve y cómo hay que actuar, ¿la nieve deja que te puedas mover por ella? ¿Es verdad que la sensación es de que te quedas apelmazado entre hormigón? ¿Qué se puede hacer para sobrevivir a un alud provocado por ti? El que escribe ésto se vio atrapado por un pequeño alud en el Pico Musales en 2013. Tras la desagradable experiencia, decidí omitirla en el post que hice aquel día de Abril en el blog. Sin embargo, casi tres años después de aquello, y ante una nueva temporada y nuevos accidentes, me gustaría compartir lo que viví:

           Mi amigo Asier y yo coronamos a pie la cima del Pico Musales (2653m) en medio de una jornada agotadora abriendo huella sobre nieve primavera, a una hora poco prudente. Primero remontamos el tramo de pista forestal entre La Sarra y la Majada de Sanchacollons sin hundirnos demasiado, pero todo cambió en el tramo entre esta Majada y el Ibón de Ibonciecho, donde las condiciones nivológicas fueron bastante duras, abriendo huella en un manto blando y pesado. Más arriba, los últimos trescientos metros de desnivel se dejaron meter mano, o pie en este caso, sin agobios y hundiéndonos muy poco. Y de bajada decidimos practicar "piolet escoba", dándonos esta técnica la oportunidad de descender hasta la cubeta de Ibonciecho en muy poco tiempo ante las buenas condiciones de la nieve en altura. Pero las cosas comenzaron a torcerse por debajo del ibón; hasta la Majada de Sanchacollons en la base, la pendiente hace dos resaltes, y en el primero de ellos comprobamos que la nieve comenzaba a estar muy-muy blanda, de hecho en algunos metros "viajé" sobre una plaquita mientras hacía piolet-escoba. Ahí me asusté bastante y una parte de mi cerebro me dijo "extrema precauciones aspaldiko". Lo cierto es que los partes nivológicos de aquel día ya lo avisaban; "sin riesgo las primeras horas, y riesgo 3 a partir del mediodía por encima de los 2000 metros". Asier, que se había mostrado muy prudente en las pendientes de arriba en la montaña, más seguras que las que estábamos afrontando en la base, comenzó a pillarle el truco a eso de bajar haciendo culo-esquí, y aquella nieve sopa le pareció divertida. 

           Ante el segundo resalte teníamos dos opciones; una, bajar por donde habíamos subido mediante una travesía hacia la derecha, o descender un último embudo recto. Ante aquello estuve dudando, aunque casi lo tenía claro tras el susto; nos bajábamos hacia la derecha. Pero entraron en escena varios ingredientes que suelen ser fatales en la montaña invernal si se juntan; el cansancio y la "presión del grupo". Asier estaba cansado y se había quejado durante toda la ascensión del estado de la nieve, y decía que se hundía mucho. Ante la visión de hacer una travesía a derechas abriendo huella hasta la rodilla o cadera,  presionó para que bajáramos por el embudo, de hecho tuvimos un intercambio verbal interesante analizando la situación. En este intercambio dialéctico me llamó gallina, acojonado y "saltitos Pau" ante mis dudas, y no estoy seguro de si incluso dijo esa expresión tan navarra o de Bilbao como "A que no hay huevos?"  Tomar tus propias decisiones es lo suficientemente difícil en una situación como esta, que cuando otras personas intentan influenciarte presionándote para que tomes una decisión en lugar de otra, puede resultar más difícil todavía. Cuando otros compañeros intentan influir en tus decisiones, esto se denomina presión de grupo. Y al final la cagué. Asier quería bajar por la gran pendiente a toda costa porque quería perder cincuenta metros de desnivel simplemente posando el culo en la nieve y dejándose caer, pero no se atrevía a tirarse primero y fui yo finalmente el que se tiró desencadenando el alud....

         El 90 % de las víctimas de un alud lo producen ellas mismas o alguno de sus compañeros. Por lo tanto, es nuestro comportamiento el que va a ser crucial a la hora de evitar accidentes por aludes. A esa hora del día, en esa época del año y a esa altitud, la nieve había ganado peso con la temperatura primaveral que la había derretido en parte, y el mano nivoso se había convertido en un "Granizado especial Valle de Tena". Los aludes de fusión o aludes de nieve húmeda, ocasionan menos víctimas que los aludes de placa, pues suelen ocurrir de forma espontánea en un lugar y tiempo determinados. El único lugar donde podemos favorecer que coincidan en el tiempo y el lugar un alud espontáneo de fusión o de nieve húmeda es recorriendo un corredor largo o una canal en un día de calor, como fue mi caso. Deberemos entonces  evitarlos tras grandes nevadas o en días de aumento de temperaturas o lluvia. Tras unos metros de deslizamiento, vi de repente como varias coladas pequeñas me adelantaban por los dos lados, y sin previo aviso noté como las piernas se hundían en una masa que tomaba vida; estaba desencadenando un alud. Instintivamente intenté salir de la colada hacia mi lado izquierdo, como nadando, pero pronto la nieve comenzó a pasar por encima de mis hombros y quedé a merced completamente del desprendimiento. En ese momento no sabía, no sabes, qué proporciones tiene o va a tener el alud en su desarrollo, y sientes cómo la adrenalina recorre todo tu cuerpo. Seguí braceando instintivamente controlando la dirección de mi cuerpo, siempre mirando hacia adelante y semi-sentado, hasta que todo se detuvo. Había bajado cincuenta metros de desnivel sobre un alud de 6-8 metros de ancho x 50 de largo, un alud pequeño pero suficientemente letal si te entierra, de hecho yo quedé enterrado hasta los hombros. Me giré hacia arriba y vi a Asier mirando hacia mí con cara de susto, y en cuanto vio que me movía comenzó a bajar por los mismos restos del alud con otro semblante. Con su ayuda me desenterré y me incorporé, ¡me temblaban las piernas! Asier empezó entonces a llamarme en broma "Pau, alias el avalanchas", y dijo que había sido un alud pequeño y lo minimizó. El de Atarrabia sacó su teléfono móvil y me grabó.... Desde luego siempre he sido yo el prudente de los dos, eso está claro. ¡Respeto a todos los aludes por pequeños que sean!, mucha gente ha muerto debajo de una avalancha a pocos centímetros de la superficie o enterrrada por un desprendimiento enano, y los aludes de fusión son compactos y te compactan. ¡Cuidado este invierno! ZAINDU!!

         

"Avalancha" de Héroes del silencio (1995)
(Avalancha!!!!!/
Aún nos quedan cosas por hacer/
si no das un paso te estancas/)

"El lugar de los hechos"

En Musales: Felicidad plena antes del "incidente"


Pendientes entre 30º y 45º; las mejores para la formación de aludes.


Cima del Musales (2653m)



"Apelotonamiento" invernal poco recomendable en el Pico de la Canal Roya.

Cornisas en Peyrelue.


Alud de fondo.



Invierno, divina fortuna para alimentar el alma.

Placa de viento en Soum de Pombie.

Lomas venteadas con la omnipresente presencia del Midi.

Granos color mate y formas caprichosas.

Nieve sin sustento en ladera que marcha hacia abajo. Valle de Lliterola.

3 comentarios:

  1. Lo primero que se siente cuando te pilla un alud es afixia, la nieve te entra por las fosas nasales y por la boca y no puedes respirar. A mi me pillo un alud de fusion en el corredor Swan de los Aztazus en abril del 2007. Y el mejor protocolo para actuar contra los aludes es que no te pille ninguno. Buena entrada, me ha gustado mucho. Saludos,

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  2. Hola, soy Pere Rodés y recojo información sobre nieve y aludes. He leído tu entrada en este blog. Podrías darme alguna información más. Puedes visitar mi blog: www.nieveyaludes.blogspot.com, en la pestaña de biblio podrás ver artículos del tratamiento de la información que recojo. Podrías contactar por mail: prodesmunoz@gmail.com para que te pueda enviar formulario para que lo rellenes. Tienes alguna foto del alud??. Gracias por tu ayuda.

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  3. RUBEN
    Espero no vivir tu experiencia jamás jeje. Sigo tu blog. Grande!!
    PERE
    Muy interesante tu página- Muy bueno.

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