martes, 4 de noviembre de 2014

La Habana-Sta.Clara en bicicleta 2007

Cuba, un país de bicicletas.
La idea original de viajar a Cuba e intentar cruzar la isla en bicicleta era una idea romántica y muy atrayente hasta que aterricé en Cuba junto a mi hermana Vanesa y mi amiga Maitane, y la realidad me dio un gancho de derecha en toda la mandíbula en cuanto puse pie en la capital cubana. La bici bajó del avión sin algunas piezas fundamentales de la potencia y en ningún taller de La Habana quisieron arreglarme el problema. Los cubanos tienen fama de "manitas" y grandes mecánicos para el reciclaje continuo de bicis, coches y cachibaches, pero muchos a los que pregunté al ver mi bici lo único que me ofrecieron fue hacer un cambio por ella... además, muchos no entendían que alguien que estuviera de vacaciones fuera a cruzar su país con la humedad y el calor del Caribe, y quizá no les faltaba razón... (Comprobé con mi propio organismo las elevadas temperaturas cubanas mientras estuvimos en La Habana, y pensé que me había metido en un buen lío, así que se me quitaron un poco las ganas de seguir insistiendo porque arreglaran mi montura). Baba y Maitane prepararon su viaje por la isla durante aquellos primeros días en La Habana y yo arreglé de manera chapucera mi potencia uniéndola al resto de la bici con cinta americana, así que cambié la hoja de ruta; durante varios días intentaría dar la vuelta, con salida y llegada en La Habana por si surgía algún problema, a la Cuba occidental, y decía adiós a la gran travesía hasta Santiago de Cuba, en la otra punta del país centroamericano.

         La Habana nos gustó sobremanera durante aquellos bonitos días de Junio de 2007. La cultura y la historia cubanas son unas de las más fascinantes del Mundo, y conocer de primera mano la propia idiosincrasia de Cuba fue una experiencia muy gratificante. Un día a media mañana me despedí de Baba y Maitane y arranqué hacia Matanzas siguiendo la línea de la Costa con intención de volver a verlas en Trinidad, Viñales o en algún lugar turístico así. Pedalear sobre una bicicleta con alforjas con un manillar que se mueve hacia adelante en las frenadas fue una tortura debajo del sol del caribe. Me costaba muchísimo hacer kilómetros y llegué al atardecer a esa ciudad de nombre tan sugerente como es la de Matanzas, la "Atenas de Cuba", un lugar cultural importante y donde desembocan varios de los ríos más importantes del país. A la mañana siguiente, tras descansar en una extravagante casa particular puse dirección al interior de la isla. En mi segunda etapa por Cuba empecé a pedalear por entre cientos de cubanos apostados a un lado de la carretera esperando a que alguien en coche les acercara a Varadero, y allí, en la Meca cubana de la fiesta y la prostitución, trabajar y obtener algunos pesos cubanos al cambio. Tras un par de horas de pedaleo me adelantó un grupito de ciclistas cubanos que entrenaban tras coche, de algún equipo ciclista, y les cogí rueda durante varios kilómetros, ellos rieron conmigo y yo con ellos. Al final llegué aquel día a Colón en medio de una fuerte tormenta tropical, y mientras esperaba a que amainara, un hombre que parecía tener algún trastorno mental me apuntó con una pistola de madera.... Ya por entonces estaba hasta las mismísimas narices de pedalear con una máquina inestable y lenta como era mi bibicleta, y en Colón decidí que el próximo día acabaría mi periplo bicicletero por la isla bonita del Caribe, y me dedicaría a turistear en plan mochilero. Santa Clara parecía un buen lugar para acabar mi trave, allí están los restos mortales del Che Guevara, y es en esta ciudad cuando la revolución, iniciada en la guerra de guerrillas en Sierra Maestra por los Castristas, se hace con el poder de la isla  tras conquistarla en 1958.


         El tercer y último día fue una jornada tranquila y sosegada sabiendo que aquel avanzar sufrido y lento se acababa. Temprano empecé a pedalear y pronto pasaron las horas y los kilómetros entre plantaciones de azúcar, localidades muy pobres y bosques selváticos. A mi legada a Santa Clara me llamó la atención el tráfico abundante de camiones y ciclistas. Visité la plaza donde Fidel Castro pegó el Gran Vuelo en 2004 rompiéndose varios huesos tras un mítin de los suyos, y decidí que al día siguiente viajaría a Trinidad, en la costa sur, para juntarme con Baba y Maitane y dar una salida digna a mi bicicleta. Con el paso de los años he sabido darle más valor a los casi 300 kilómetros que estuve sobre aquella mierda de bicicleta por el asfalto de Cuba, de alguna manera fue una actividad diferente a lo que estaba acostumbrado a hacer, y guardo grandes recuerdos de aquello...Salsa, pintura, asfalto, acento cubano, revolución, bicicleta, jineteras, jineteros...

Miramar, el barrio de los hoteles y las embajadas en La Habana.

Cruzando el Charco.

El Malecón de La Habana.

La Habana fue fundada un 16 de Noviembre.

Maitane, Baba y yo encantados con nuestras anfitrionas en la capital cubana.

Atardeceres caribeños.

Calles de Centroamérica...

Postales urbanas.
Haciendo amistad con artistas hip hoperos locales.

Cerca de Matanzas.


Murales cubanos.

Ofrece termangines a los cubanos y ellos te lo agradecerán con fruta y queso.

Humedad y Calor muy elevados.

El Mausoleo del Che.

Selva cubana.

Ideología política al borde de las carreteras.

En la plaza Ernesto Che Guevara de Santa Clara...

300km cubanos.

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