jueves, 23 de octubre de 2014

Anie Skyrunning.

Countende (2338m) y Anie (2504m) desde Le Pourtet.
"¿Porqué contabilizar la vida en años y no en ilusiones cumplidas?" Esta frase la conocí recientemente mientras estudiaba para técnico deportivo en Alsasua, y pensé que resumía muy bien lo que yo y mucha gente pensamos sobre la vida. ¡Qué chulo es cumplir nuestros sueños! ¿Es sano quedarse en casa y vivir obsesionado con el confort y la seguridad, y no coleccionar ilusiones aunque ello signifique apostar un poquito con nuestra salud y nuestra vida? Muchos lo tenemos claro. Una de mis últimas ilusiones era la de trotar hasta la cima del Anie (2504m) desde la Piedra San Martín y hace poquito lo cumplí. Partir desde el mojón mítico número 262 y atravesar al trote la cara oeste del Arlas con el objetivo del Anie en el punto de mira es una experiencia única si vienen a tu mente los episodios mitad reales, mitad fantásticos, ocurridos en 1373 en estos mismos lugares. Por aquel entonces los pastores Pedro Karrika de Isaba y Pierre Sansoler de Arette y sus respectivos rebaños se encontraron en una fuente del Pico Arlas y se lió la Marimorena. Pedro mató a Pierre y el primo de Pierre se internó en Navarra para con unos vecinos de Arette, intentar matar a Pedro. Sin embargo en vez de dar muerte a Pedro, encontraron a la mujer embarazada de éste en Belagua y la mataron, así que Pedro y otros convecinos de Isaba entraron en Francia hasta la casa de los Ansoler para vengar la muerte de su mujer, y encontraron allí a los asesinos de la misma celebrando el crimen. Al parecer mataron a todos los que estaban en la casa menos a la única mujer que allí había. Cuando Pedro y sus convecinos volvían a tierras navarras fueron emboscados por otros vecinos del Valle de Baretous y fueron asesinados todos (se habla de 25 roncaleses). Todas estas escabechinas llegaron a oídos de los reyes de Navarra y del Vizconde de Bearn y es así como se empezó a construir la futura Carta de Paz de 1375, y el actual Tributo de las Tres Vacas, donde los franceses de Baretous dan a los roncaleses tres vacas cada temporada para que su ganado pueda pastar en territorio navarro...

             En mitad del laberinto calizo de Larra, el camino al Anie serpentea en ligera ascensión hasta Le Portet, un espectacular portillo en mitad de la nada y con vistas alucinantes a la pirámide final del Anie. Ya queda menos. Correr por estos sitios es incómodo y lento, pero resulta divertido saltar de una roca a otra o sobre una grieta negra y profunda. Cuenta la mitología de los Valles de Roncal y de Aspe que en estas grietas guardaba Jaun Gorri, el "Señor Rojo", sus tesoros y posesiones. Este Dios de la Mitología pirenaica tenía su morada en el Pico de Anie, donde cultivaba su huerto mágico y fantástico... Pronto pongo mis pies en el sendero bien pisado del Col des Anies y cojo velocidad hacia la cima, la cual piso 1 hora y 19 minutos después de partir de la Piedra San Martín. Estoy súper contento y permanezco cinco minutos sobre los hombros y cabeza de este pico tan querido por navarros y franceses, abrumado por la nueva visión hacia el Este y el Sur. Un grupo de franceses van llegando a la cumbre, y antes de que lleguen los rezagados comienzo a descender a toda velocidad, ensimismado con el suelo gravilloso y alargando la zancada. De vuelta a la Piedra, final en alto del próximo Tour de Francia, me sorprendo de lo fácil que es encontrar el camino, sus hitos y pinturas rojas, porque el astro sol ilumina de maravilla desde mi espalda... 2 Horas y 26 minutos después de dar la primera zancada aterrizo en el asfalto de la mañana maravillado por la actividad realizada, ideal para potenciar la Propiocepción y tantas y tantas cosas...

Piedra San Martín, "vamos que nos vamos".

Mojón fronterizo 262, lugar del "Tributo de las Tres Vacas".

Col de Pescamou y Pic de Arlas (2043m).



La Mole de Anie sobresale entre el caos de Larra.

Terreno no muy ideal para correr...

Soum Couy y la caótica base del Anie, ¿el huerto de Jaun Gorri?

¡Hacia allí!

Tengo compañía en el tramo final a cima.

La Mesa...

De allí vengo.


¡Cima!

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