jueves, 11 de septiembre de 2014

Hasta que la muerte o el alzheimer nos separe.

Metros finales hacia la cima de la Punta del Sabre (3132m). A la izquierda se puede observar la arista que la separa de la cima principal de Bachimala (3177m)
El tiempo pasa y los años van quemándose como suelen hacerlo las velas de cera cuando se encienden. Atrás, en rincones de nuestra memoria, quedan actividades pasadas que vuelven a nuestros pensamientos gracias a la activación de un estímulo. Muchos de los estímulos de los que nos alimentamos muchos montañeros, es la visión desde la cima de las montañas, porque de una se ven otras, y de otras se ve a la una. Desde mi primer tresmil allá por el año 1998, varias eran las veces que había observado el macizo de Bachimala. Las primeras veces fueron sin conocer su nombre, y las últimas escudriñando sus satélites con nombres tan pintorescos como Picos de la Pez, Punta del Ibón o Punta del Sabre. Al final, llegó la oportunidad, en el verano de 2008, de conocer su cima siendo acompañado por el amigo Pintterdi, y la gozamos trepando hasta la Punta del Sabre de 3139 metros y trepando después por la cresta espectacular que la separa del Grand Bachimala (3176m).

          Ahora, en pleno 2014, he podido observar la cresta de Bachimala desde los Picos de Baudrimont se me ocurre, o desde otros, y vuelven algunos recuerdos a la memoria. Uno cierra los ojos y puede sentir el tacto de los esquistos y materiales rocosos de este macizo tan descompuesto, el olor de su roca, el viento fresco del norte, el aire enrarecido... Dicen que el presente no existe y que nos componemos básicamente de pasados inmediatos o lejanos, y respecto al futuro ¡qué decir!: Muchos queremos seguir coleccionando recuerdos así, hasta que la muerte o el alzheimer nos separe.

"Relajándonos" a 2500 metros en el Paso de Señal de Viadós.



Escogiendo la trepada más entretenida...

Pin y yo en la cima de Bachimala.

Un rutón cinco estrellas.


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