martes, 24 de junio de 2014

Sube a Petrechema y olvida.

Escaladores en el mundo mágico de Ansabere...
Internarse en la naturaleza sirve para dejar los problemas y las malas noticias a un lado. Demostrado. En ella hay infinidad de motivos hermosos para distraerse y apartar a un lado ese tipo de cosas negativas que suceden en la vida. Al menos durante unas horas. La otra tarde Leire, la hermana de Ainara, se rompió el ligamento cruzado en la final de la Copa de la Reina en Ceuta entre el Athletic y el FC Barcelona, y este tipo de cosas en el deporte profesional duelen en el alma que se jode, cuando uno está en el mejor momento de su carrera deportiva, y con retos muy bonitos a corto plazo, como ir a un Mundial el año que viene por ejemplo. Romperse el ligamento más importante de la rodilla no es una lesión menor, ya lo sabe ella que se lo rompió hace pocos años, y aunque todos sabemos que se recuperará como una titana en seis meses, el disgusto y los pensamientos negativos no se los quitará nadie. Lo sé porque hace ocho años me rompí el ligamento cruzado de la rodilla derecha mientras esquiaba en Formigal, y durante un año pensé que no valdría ni para jugar a la petanca, jugar al curling o ni para tener hijos, incluso, pensé en alistarme en la Federación Navarra de Ajedrez para practicar algún deporte. ¿Qué haría a día de hoy si no pudiera dar rienda suelta a mi hiperactividad montañera? ¿Dejaría montes como Petrechema para otra vida? Ni de coña. El colmo llegaría un día de otoño en Huarte cuando un tipo al que conocí en el Grupo de Montaña de la localidad, y que decía haberse roto el cruzado, me aseguró que tras este tipo de lesiones, aunque te operaras, no volverías a ser tú mismo debiendo olvidarte de algunas actividades que antes hacías. Algunos años después solo puedo decirle "Tururú que te vi", y mis rodillas han aguantado 650.000 metros de desnivel positivos por el monte desde entonces (280.000 desde enero de 2012), por no hablar de las horas en bici, y las horas en pie en la Mejillonera de Navarrería (¡Cómo me gustan sus patatas!). Lo que no mata, nos hace más fuertes. Aviso para navegantes; si se desea se sale de casi todo.

              Leire volverá a ser ella misma en menos de lo que canta un gallo y mi único consejo es que si pensaba durar profesionalmente, al máximo nivel, hasta una fecha digamos "h", ella jugará hasta esa fecha "h"+ los 6 meses que va a pegarse de recuperación, pero fijo. El otro día Ainara y yo subimos a Linza para que ella oxigenara su cabeza con el objetivo de dar una circular a Petrechema. Y vaya si se oxigenó. Hay que aclarar que cuando vio la lesión por televisión se puso muy nerviosa y lo pasó muy mal. Normal. ¿No ayudan a abstraerse del mundo y sus problemas el hayedo de Petrechema, el Puerto de Ansó y sus vistas profundas, y las airosas cimas afiladas de Ansabere? Así puede ser médico cualquiera; "para cualquier malestar acuda a pasear por el monte". Científicamente demostrado. Algunos lo llaman "Monterapia"
       
Camino interpretativo acondicionado para salir de Linza e internarse en el Barranco de Petrechema.

Hayedo sombrío antes de las Foyas del Ingeniero.

Amapolas amarillas.

Ori, Otsogorrigaine, Keleta y Kartxila.

Un montañero despistado...¿de dónde bajará?

¡Nieve!

Una cima muy visitada.

Mojón fronterizo 273 en el Collado de Petrechema o Puerto de Ansó (2084m)

Nubes en Lescún.

Una cordada en la Petit Aiguille de Ansabere...

Ainara se asoma al Circo de Lescun.

Visión hacia el Billare.

Pequeña Aguja de Ansabere.

Sobarcal y su cima con forma de trono.
 Detrás Chipeta y Lenitos.

Cima de Petrechema (2371m)
La cima de la Gran Aguja de Ansabere parece cerca, pero....

...

Flor de las neveras (Primula elatior subs. intricata) en los pastizales sobre Linza.

Nomeolvides y Regaliz de Puerto.
Un último vistazo al Pico Sobarcal y a Acherito.

El Barranco de Petrechema. ¡Qué lugar!

No hay comentarios:

Publicar un comentario