lunes, 12 de agosto de 2013

Finde de Flores y Tresmiles


Hoy, me apetecía hacer una entrada diferente. En ella no quiero entrar únicamente en detalles topográficos ni en reseñas tridimensionales, tampoco quiero hablar de kilómetros, minutos o récords, simplemente me apetece hablar de aquello que pasa por la cabeza de un tipo cualquiera, cuando se dirige solo a las montañas. Porque aunque a muchas personas no les guste pensar, y quizá sea mejor así,  a mi me gusta hacerlo entre montes o desde una buena atalaya. 


      Por la mañana, mientras dirijo mis pasos hacia el Ibón de Millaris, mis pensamientos giran al rededor de los tiempos difíciles que vivimos. Si, ya sé que hay que ser positivo y que es un tema que toca bastante los..., pero para llegar al positivismo hay que analizar lo negativo ¿no? Algunos pensaran que los jóvenes de hoy día somos una generación exagerada y quejica, que peor se vivió en la posguerra o en los 80, pero nadie protesta por eso precisamente, protestamos porque vamos cuesta abajo y sin frenos porque el reparto de la riqueza es desigual e injusto. Y a mi no me gusta ver a la gente sufrir. Antes la desigualdad la veíamos en otros sitios,  pero ahora ocurre aquí. Simplemente eso. No es de extrañar entonces que muchos escapemos a la naturaleza huyendo de todo esto, intentando dejar los problemas incrustados en el fondo de los valles, e intentando dominarlos desde una cresta airosa y supersónica.


Dicen que hay que evadirse de las preocupaciones, para eso se inventaron los hobbies, te lo puede decir cualquiera; desde un  médico, sicólogo, o curandero de barrio, hasta tu propio vecino. Pon la mente en otro sitio y verás qué bien, no pierdas el tiempo analizando las cosas porque no te llevará a ningún lado, o sí, pero son destinos chungos. Mala memoria y buena salud, y serás feliz. Carga tu mochila con poquitas cosas, como diría aquel ¿Encontraré esta mañana algún trébol de cuatro hojas subiendo al Eriste Norte o Pico Beraldi? ¿Me dará suerte? Dicen que hay uno por cada 10.000 de tres hojas.


Más adelante, en cuanto enfilo una buena cuesta entre el abetal,  me acuerdo de gente famosa como Mark Twight o Kilian Jornet, tipos que a veces sacan su lado punki. Si, he dicho punki. Porque a veces hay que serlo en estos tiempos, de hecho casi todo el mundo de una u otra manera lo es.
                El primero se pintaba el pelo de colores y escuchaba a Joy Division o Dead Kenedys mientras "les birlaba" a los franceses las líneas de hielo más difíciles y atractivas de Chamonix. Y el segundo ha dicho en más de una ocasión que le gustan los Sex Pistols y que alguno de sus libros favoritos están escritos por Mark Twight. Mark escribió hace ya unos años uno que se llama "Besa o Mata" y Kilian otro que tiene de título "Correr o morir". 


Para quien piense que Kilian Jornet no es punki, le diré que intentar subir y bajar el Cervino en menos de tres horas y cuarto sin matarse, es una macarrada de put....mad... también es un canto a la vida. (Joder, dije de entrada que no iba a hablar de récords y mira) Bajar en una hora desde la cima hasta Cervinia es algo rebelde y tremendo, "me suda la... lo que piense la peña que yo me la juego cual sarrio" o "subo al MontBlanc en bambas". Son actos rebeldes y diferentes, y a muchos nos encantan este tipo de cosas porque son como islas de exuberante naturaleza flotando en un mar tedioso. Alguno pensará que son como críos inconscientes, pero nada más lejos de la realidad. "Prefiero vivir un día como un tigre que cien años como un cordero" como diría Ochoa de Olza.
                Los punkis se pintan de colores el pelo, ¿serán las flores punkis? ¿Serán las digitalis y los cardos punkis? 


Los "Eskorbuto" decían; "los que trabajan se olvidan de los parados, y los que están libres de los encarcelados. No hay amigos ni enemigos, lucha necia, todos contra todos" Y sino, que se lo digan a la parlamentaria Andrea Fabra, autora de la perla "que se jodan", que brindó a los parados. Si al final, somos todos un poco punkis y pasotas del resto, ¿o no? Es más, los que saben dicen que quien lo pasa mal ha de ser egoísta y preocuparse por sí mismo, que no puede ni debe inmiscuirse en los problemas de los demás. Así lo explica cualquier sicólogo en la tele; "si estas mal, no puedes salvar a alguien que se está ahogando porque los dos moriréis ahogados, hay que ser egoísta, ya lo salvará alguien que esté bien y fuerte" ¿Y si todo el mundo está mal? ¿Será este el motivo por el que no nos ayudamos mucho?


Vivimos en un mundo de claros y oscuros. Cuando un montañero está sin confianza, así se suele decir, mira a las montañas y ve en ellas sombras. El coco toma un papel importante en este arte de subir montañas, y si el coco está bien, subirás al Bachimala o a los Eristes con alegría y velocidad.


 Por contra,  si no estás motivado o no eres muy feliz en ese momento de tu vida pasará justamente lo contrario. Te encontrarás torpe y sin confianza. A lo mejor la montaña despertará en ti esa sensación de felicidad que buscas.


Los Eristes no son montañas de mucha dificultad, pero algunas de sus rutas implican concentración y saber moverse por lugares expuestos. Ya se sabe, no tirar piedras, tantear la roca o estar atento al tiempo. En sus cimas uno se pone muy contento. ¿Será la energía telúrica?


¡Anda que no es maravilloso subir a observar estas montañas! Soum de Ramond, Perdido, Cilindro, Marboré, Astazous, Punta Suelza, Argualas, Garmo Negro, Infiernos, Monferrat, Cerbillona, Vignemale, Robiñera.... ¡Cuantos miradores desde donde poder buscar y encontrar la felicidad! ¿Quién dijo que el Pirineo no era tan bonito? (De todo hay que oír) ¿Acaso es más bonito el Atlas, los Apeninos, los Urales o algunas regiones de los Andes? Ni de coña, a la misma altura que Dolomitas, Patagonia o Himalaya (qué narices) Si todo el mundo amara sus cordilleras más cercanas y no presumiera tanto de aquellas en las que estuvo, no habría tanta contaminación en las montañas.



De regreso a Viadós me encuentro con Rufo, por casualidad, qué pequeño es el mundo, en el mismo sitio que le hice esta instantánea hace tres años y medio . La vida quiso que nuestra relación se enfriara un año después en una montaña gigante, y la vida ha querido que nos encontremos de nuevo aquí... Caprichos del destino.



Rufo me invitará después a comer en Viadós mientras los montes dejan de ser blancos y negros y pasan a ser de colores. ¿De qué hablar con alguien que no has visto desde hace dos años y medio? Pues de montañas, carreras, fútbol (somos lo peor), tías... El único "pero" lo pone un señor con síndrome de la lengua gorda tras unos tintorros, al enterarse de boca de Rufo que en ocasiones me muevo por el monte corriendo. El hombre se me encarará con las típicas frases chorra como "al monte se viene a disfrutar y no a correr", o "no se viene a la montaña a hacer deporte". ¿Disfrutar en el monte es encararse con una persona que no conoces de nada? Me darán ganas de decirle algo así como "el otro día me quemé la chorra tomando el sol, total que ahora cuando meo me hace cosquillas". Pero miro a otro lado mientras su compañero se lo lleva del brazo. 



 Tomás, amigo de Rufo, estará de vuelta para las cuatro de la tarde tras subir varios tresmiles de la Cresta de Espadas. Es un tipo muy majo y tiene una cámara de fotos de la leche. Después se despiden y marchan hacia Pamplona.


Y me quedo para disfrutar del atardecer, cuando el Posets y el Espadas se visten con sus mejores galas sobre los abetos y los rasos mágicos de Viadós.





Y al amanecer sigo pensando que las flores son muy punkis. El cardo de puerto crece sobre pastos frescos mostrando flores azuladas y hojas espinosas sin necesidad de pulseras o collares con pinchos. Posee diversos usos mágicos y preventivos para proteger al ganado de las cuadras, o para curar enfermedades cutáneas.


El astro sol me recibe en las cercanías del Puerto de Gistaín. También el silbido de las marmotas y un manto amplio de gramíenas de porte alto.


Unas flores de color amarillo chiquititas imitan a los girasoles, durante la noche cierran sus pétalos y durante la mañana, en cuanto reciben los primeros rayos de sol, los despliegan.


Cuando me asomo a echar un vistazo al Ibón del Pico Royo, me acuerdo de algunos amigos/as que no están pasando por una buena época. Es lo que tiene cuando te diriges solo hacia la cresta del Veteranos y ves postales preciosas que sabes que animarían un montón a estas personas.


Un amigo mío anda algo depre, dice que la vida no es ni la décima parte de buena de lo que se imaginaba cuando era niño o adolescente (vaya tela). Yo le digo que lo que está sufriendo se llama madurez... (algo hay que decir). Pero la madurez también es muy traicionera, si maduras mucho caerás del árbol, y en estas crestas a 3000 metros el suelo suele estar lejos, y muy duro. Así que hay que encontrar el equilibrio.


 Otros se quejan por facebook de que llegaron a los 30-35 años y que no saben dónde fueron algunos de sus años. Yo les contesto que la juerga sistemática en los mismos garitos de siempre, produce amnesia. Joder, hay que moverse, descubrir cosas nuevas dentro de tus posibilidades, hay que enamorarse de lugares y de personas, hay que hacer amistades. No todo es encerrarse en una lavadora con música, alcohol y sustancias, y luego estudiar y trabajar. Hay que variar. Hay que tener pasión.  A mi me va muy bien cuando trepo montañas como un niño pequeño que trepa en un parque de columpios, me siento guay. 


En estas crestas uno se siente libre cuando el viento mueve tu pelo y las manos acarician la roca. Muchos se sienten inspirados en estos lugares y un montón de ideas fluyen en su cabeza.


Hace poco vi el vídeo de una entrevista a una estrella de la música que me hace mucha gracia. Me gustan su pelo grotesco y su acento de Manchester, también las chupas de cuero que lleva. Nunca nadie sacó tanto provecho de dos discos y medio buenos y tantos malos. La entrevista era puro trámite y él lucía como si estuviera escuchando el debate de la nación entre Rajoy y Rubalcaba. De pronto se le encendió la cara y dijo algo súper: "Por una extraña razón solo compongo en Primavera, es la época del año en la que más inspirado me siento". Y de eso se trata; asimilar cuando son tus momentos buenos e inspirados y cuando son los malos, y manejar el estrés que producen estos últimos esperando la llegada de los primeros.


Porque a veces te sentirás como un lirio en un prado de lirios. Elegante y con buena vestimenta.


Y otras veces te sentirás como una polilla atrapada en las hojas pegajosas de una planta carnívora del Pirineo, sintiendo cómo vas descomponiéndote. Viendo cómo a los demás mosquitos les pasa lo mismo.


Por eso hacer montañismo es tan gratificante, porque encadenar cimas en un marco incomparable hace feliz a cualquiera. Por muy pequeño que sea el reto, no dejes de tener alguno.




4 comentarios:

  1. Ya dije muchas veces que no entro "nunca" a ver reportajes en blogs cuando solo se pone el enlace en el Foro. Yo también tengo mi blog pero no me parece bien usar el Foro como cauce para dirigir hacia el. (Particularmente, pongo el reportaje en ambos sitios). Pero esta vez, puede que tu comentario en el Foro, "anunciando" algo diferente, hizo que rompiera mi costumbre y me alegro de haberlo hecho. Me ha parecido una maravilla de reportaje. Muy interesante. Te "seguiré de cerca". A partir de ahora, tu blog será una parte importante del mio. Un saludo.

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  2. Bonita entrada. Coincido en casi todo, normal si nos gustan las mismas cosas. En cuanto al "colega" del refugio tan crítico con esta afición nuestra de "correr" por el monte, hay que decirle eso, que lo de correr va entre comillas y que, incluso cuando llevamos un dorsal, las cuestas más duras las hacemos andando y que disfrutamos del paisaje tanto o más que él.

    ¡¡Y las fotos guapísimas!!

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  3. Gracias a Astur y Cansamontañas por vuestras palabras!! Muy amables!!

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  4. Me ha gustado mucho la entrada en el blog...Se la enviare a algun que otro amigo...

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