miércoles, 22 de mayo de 2013

Hipólito Maeso, y la tormenta del Monte Rosa.

Frustración y tragedia, que aun no conocíamos, en el Monte Rosa.
Hace nueve años, viví una de las situaciones más desagradables y acongojantes que jamás haya vivido en la montaña. Ocurrió en el Monte Rosa (4640m), en Alpes, y de aquello tengo recuerdos increíbles. Mi compañero David tenía mucho temperamento, así que pese a que los partes meteorológicos no anunciaban buen tiempo y había probabilidad de tormentas o cambios bruscos de tiempo, nos gastamos el pastizal que cuesta subir en tren a la base de la montaña desde Zermatt, y nos acercamos hasta el refugio a 2800 metros porque así lo mandaba David, con él no podía haber días de inactividad. Yo no supe decirle que no, era obvio que habría problemas con el tiempo, pero así se hizo. En cuanto comprobé en el refugio que en pleno mes de Julio solo nosotros dos afrontaríamos la ascensión del Monte Rosa al día siguiente (qué cosa más rara), supe que habíamos subido hasta allí para nada.

            De madrugada nos sorprendió un calor anormal en la morrena del glaciar mientras ganábamos metro a metro a la montaña, a eso de las 3 o 4 de la madrugada. Yo sentía mucho miedo porque el cielo estaba cubierto y nos hallábamos solos en la vía normal. Varias veces le dije a David que estaba inseguro por continuar, pero de alguna manera me trataba de exagerado y continuábamos. La mole del Liskamm (4527m) al sur, nos servía de referencia. Pronto llegamos a Ober Platje, el corredor oblicuo de acceso al glaciar, y comenzamos la interminable loma hacia las crestas del macizo. En eso me dí cuenta que la débil silueta del Cervino en mitad de la noche, al otro lado del valle, desapareció absorbida por una masa de nubes muy-muy negras que se acercaba hacia nosotros y otra vez protesté ante David. Y entonces él se lo pensó. Que un tipo valiente y cabeza-loca como David se lo pensara significaba mucho. No hacía viento, no había precipitaciones, no se oían truenos, pero había algo extraño flotando en el ambiente. Aquel calor que hacía que fuéramos en camiseta a 3400 metros en los Alpes justo antes de amanecer no era normal, había mucha electricidad en el aire. Entonces David dio su brazo a torcer y comenzamos a regresar.

En el Glaciar de Gornergletscher.

              A los pocos minutos de empezar el descenso,sin previo aviso, sufrimos el primer bombazo. Una ráfaga de luz y un ruido ensordecedor hizo que temblara el suelo y de unas a otras nos vimos sentados en el suelo helado del glaciar. Teníamos una mega-tormenta encima ¿Aquello era un rayo y un trueno? He vivido tormentas eléctricas fuertes en Irati, en el Perdiguero, en la Ferrata de Foradada de Toscar, o en el Col de Fades en bicicleta, pero nunca nada igual a lo que nos ocurrió en el Monte Rosa. Aquello eran como proyectiles de guerra con onda expansiva y todo. Nosotros comenzamos a correr pendiente a abajo conscientes de lo que nos jugábamos, y muchas veces nos vimos envueltos en esas explosiones de luz y sonido que a veces nos tiraban al suelo. Era surrealista. Nunca vimos llegar a la tormenta. Tras Ober Platje empezó a granizar y nosotros corríamos como sarrios por la morrena hasta que llegamos al refugio, y dentro respiramos aliviados. Al mediodía, como mejoraba el tiempo, bajamos a Zermatt, y al día siguiente ya estábamos en Navarra.

               Entonces nos enteramos de la noticia de que "dos españoles habían fallecido en el Monte Rosa" el mismo día que nosotros intentamos su ascenso, y en mi casa estaban algo preocupados porque por entonces yo no tenía teléfono móvil ni llamaba mucho a casa. Los fallecidos eran los expertos alpinistas madrileños Hipólito Maeso y Roberto Vázquez, y ahí es cuando me quedé a cuadros.

Cervino desde el Refugio de Monte Rosa.

               Hipólito Maeso era uno de mis ídolos de la adolescencia. Aun recuerdo su foto sobre la Gran Facha de la revista Desnivel de cuando ascendió a todos los tresmiles del Pirineo, los 212, en 34 días de 1999. Los últimos años se han batido algunos récords más sobre los tresmiles oficiales de la cordillera, como subirlos todos en un año (la primera vez en 1998), subirlos todos ya con 16 años (Javier Fernández en 2005), o ascenderlos durante 52 días en otoño de 2010 por la ochomilista Marta Alejandre, también se han completado con 80 años!!! (Lluís Garrofé), pero ningún récord es tan increíble y fascinante como este del gran Hipólito al encadenarlos todos en poco más de un mes. ¿Un futuro récord para gente como Iker karrera o Kilian Jornet? Hipólito era un fuera de serie que ya había escalado las seis caras norte de los Alpes cuando con 50 años se planteó esta cabalgada todavía no igualada en el Pirineo, desde el valle de Tena hasta Andorra. Con motivo de esta hazaña escribió el precioso libro "¡Qué bonito son los Pirineos!" en 2001.

              Los cuerpos de Hipólito y Roberto aparecieron sobre el glaciar despeñados en su huida hacia el Refugio Margerita la tarde que bajamos a Zermatt. Se sabe que hicieron cumbre tras escalar la arista Rey, y que después encaminaron sus pasos hacia este elevado refugio a 4500 metros, quizá huyendo del mal tiempo. ¿Se vieron sorprendidos por alguno de los fenómenos meteorológicos que sufrimos nosotros 1000 metros por debajo? Nunca se sabrá con exactitud, pero se de buena tinta que lo que pasó aquella madrugada y seguro primeras horas de aquel día de Julio de 2004 no era normal. Los cambios bruscos de meteorología en alta montaña suelen ser nefastos en muchas ocasiones, y esta vez me enseñó a desconfiar del mal tiempo, por poco que sea, en la alta montaña. Un recuerdo para las figuras de Hipólito Maeso y Roberto Vázquez.

             
Diario ABC

El libro de Hipólito. (fuente Blog de los Cazafantasmas3000es)

1 comentario:

  1. No tengo palabras para expresar mi dolor repentino por esta desgraciada noticia... He puesto el nombre de POLI MAESO en Google por ver de comunicarme con él y decirle lo mucho que he disfrutado con su libro y su hazaña pirenaica (un libro que he releído al menos tres o cuatro veces)... y me encuentro con esto. Ha sido un impacto emocional que no esperaba. Me da mucha pena y, desde aquí, mi más sincero pésame a la familia. Me compré este precioso libro, casi por casualidad, en una librería de Viella, allá en una de mis incursiones en el Vall de Arán, después de un ascenso al Montarto, hace hoy sus buenos 14 años!. Te pido permiso para reproducir esto en mi blog EL MARGEN DE LOS PIRINEOS http://margenpirenaico.blogspot.com/
    GRACIAS y UN SALUDO.

    ResponderEliminar