viernes, 1 de marzo de 2013

Marrakech 2007

Plaza Djemaa el Fna.
Viajar a Marruecos y conocer la Cordillera del Atlas y el Desierto del Sahara formaba parte de mis sueños desde la niñez y adolescencia hasta que en 2007, y gracias a los vuelos de bajo coste a Marrakech de la compañía Easy Jet, pude hacerlo en compañía de un buen amigo; el ermuatarra Luis.

              Marrakech nos recibió una fría tarde-noche de Diciembre con el habitual ajetreo de sus calles hasta que pudimos acomodarnos en el Hotel Ali, un lugar para mochileros de la céntrica calle Moulay Ismail, que nos serviría de Campo Base en nuestro viaje. La ciudad de Marrakech me encantó desde el primer momento por el contraste cultural. A escasos metros podíamos visitar la vecina Plaza Djemaa el Fna, una de las famosas de todo el continente africano, y mezclarnos entre encantadores de serpientes, músicos árabes, o tatuadoras de henna. En esta plaza abundan los puestos donde poder comer y probar típicos platos locales, como el Couscous o el T´hagin, y mientras estuvimos en la urbe siempre nos alimentamos aquí. Es en esta plaza donde se produjo el atentado de 2011 que causó la muerte a 15 personas.

La Cordillera del Atlas, a una hora en coche desde la ciudad.


Tradición y Modernidad van de la mano en esta gran urbe de Marruecos.

            Algo que no olvido de la primera noche en Marruecos fue cuando nos despertó uno de los cinco rezos obligatorios en la religión musulmana; el de antes del amanecer.  Desde el Minarete de la cercana Mezquita de la Koutobia los altavoces comenzaron a retransmitir  los gritos del Imán mientras  llamaba a la oración, y aquellas voces en árabe nos desvelaron en la quietud de la noche.

Mezquita Koutoubia.


             Un lugar de obligada visita en la ciudad es el Zoco. El Zoco es un laberinto de callejuelas repletas de puestos y tenderetes en la Medina de Marrakech, aquí los marroquíes hacen sus compras y es la Meca del regateo. Nos llamó la atención el gran número de transeúntes y de tráfico que había en calles muy estrechas, incluso pudimos ver el atropello de una señora por un motorista. Tras el golpe la mujer se incorporó y comenzó a golpear al motorista. En el Zoco se perdió nuestro amigo Albert, un estadounidense de origen chino que conoceríamos en el Sahara, que una tarde deambuló cuatro o cinco horas por el zoco sin saber donde estaba, y cuidado al preguntar, porque puede haber personas que hagan que te pierdas a posta para reírse de ti o para robarte.

             Marrakech me volvió loco por sus costumbres y la cultura árabe, viajar a allí es como viajar al otro lado del Mundo, en ella los atardeceres son mágicos y sirve de puerta para entrar en el Atlas y en el Sahara. Marrakech es una de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos, la "Ciudad Roja" no deja indiferente a nadie.

El laberíntico Zoco de Marrakech.

Una ciudad-oasis.


Cenas abundantes en especias.

El Zoco a la noche.

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